viernes, 13 de abril de 2012

La vuelta al mundo en 60 días

Aquí anotaré algunas impresiones de viaje y aventuras (antes que se me olviden). Espero que mis amigos y amigas que han viajado (a ti te digo ...sorda) , se animen y escriban las suyas para publicarlas

En el año 1983, siendo un simple medio pollo en uno de mis primeros trabajos, me cayó en suerte una invitación de Casio Computer para visitar Tokio. Mi jefe decidió mandarme previo cambio del pasaje first class Arica-Tokio-Arica por un vuelta al mundo en clase turista

Así, mi primer viaje en avión fue nada menos que para la vuelta al mundo. En esa época yo era bastante pobre y hasta un par de semanas antes de la invitación ni soñaba con subirme a un avión en mi vida. Muy asustado durante el despegue aunque con mi mejor cara (pálida) de viajero experimentado salí con rumbo a Miami.

Un amigo que había hecho el mismo viaje el año anterior me llenó de consejos y me escribió una guía muy completa de todo lo que tenía que ver, en el fondo me decia que lo único que valía la pena visitar era Disneyworld. Ni que decir que no me sirvieron mucho los consejos

Escala técnica en Bogotá (Colombia) me llamaron la atención los edificios de ladrillo ¿como no se caen con los temblores? y las preciosas guardias de seguridad del aeropuerto, unos monumentos nacionales. También pasé a comprar café para los japos en el duty free. De haber sabido como les iba a gustar, hubiese llevado unos 20 kilos.

En Miami, luego de la impresión por el "ascensor" que sale hacia el lado (en realidad es una especie de tren) me recibe una bocanada de aire caliente que casi no deja respirar. Tomo un taxi y le doy la dirección del Days Inn donde pasaré las dos noches. El taxista, un negro de aspecto asqueroso me dice que estoy loco, que el hotel es muy malo, que me va a llevar a uno con piscina y "más económico". Este último argumento me convence y partimos para el "Runaway Inn" (no es broma, asi se llamaba)..

Un tugurio. Paso despierto toda la noche mientras una pareja se trenza a golpes y gritos en la habitación del lado. ¡Pendejo, eres un pendejo maldito! todavía recuerdo como gritaba la mujer llorando como condenada. Lo peor es que 40 dólares no es muy económico que digamos, no para mí que llevo solo 1500 para todo el viaje.

Otra mala experiencia con el taxista fue la estúpida costumbre de la propina, no tiene ningun empacho en exigirmela y, como tonto, yo le pasé un dolar.

Al otro día temprano llamo al Sheraton Airport para cambiarme, por primera vez en mi vida hablo en inglés y el telefonista cree que se trata de un borracho. "fuck´t hell outta you paisano! ¿capisci?". Me echó a perder la mañana, y yo me quedo en el mismo tugurio.
En el Runnaway Inn, mientras una pareja se trenzaba a golpes en la pieza del lado y no me dejaban dormir, puse el automático y me saqué esta foto para recordar como le ponía al mal tiempo buena cara
Me habían dado el dato que en todo hotel hay una biblia y en las últimas paginas están los telefonos de prostitutas, como USA es un pais de tradiciones, efectivamente había una biblia, con varios teléfonos escritos a mano. Solo por curiosidad (ja-ja) llamo a uno y pregunto cuanto cuesta el asunto (40 dollars). No gracias, solo preguntaba.

Sin mayor novedad me embarco a las 7:00 AM hacia Los Angeles , llego mas o menos a mediodía y tenemos que esperar más de dos horas en el aeropuerto en la sección "Transit" un aburrimiento atroz.

El vuelo domestico Miami-Los Angeles es pésimo, más o menos como andar en el tren Arica-Tacna. La gente huele mal y la aeromoza (vieja y fea) me pregunta ¿chicken or beef?. Terminaré aborreciendo esa cantinela, igual que las comidas de los aviones, donde tienes que tragar haciendo contorsiones y equilibrio en medio metro cuadrado , intercambiando codazos con los vecinos de asiento.

El vuelo Los Angeles - Tokio es una experiencia muy curiosa. Imposible dormir porque se pasa 19 horas viajando junto con el sol. Sales a las dos y media de la tarde y llegas a las seis del mismo dia, solo que has volado diecinueve horas completas.

Un aburrimiento infinito , pero aprovecho de aprender algunas cosas utiles para el viajero: si te sientas de la mitad hacia atras del avion sobrevives a un accidente, pero recibiras la comida que la otra mitad no quiso probar, desabrida y recalentada, si te sientas adelante puedes escoger la comida. Entre las dos alternativas prefiero, lejos, la última

Sin nada de sueño y terriblemente aburrido, me pongo a escribir notas para presentarles a los japos. Llevo un par de años trabajando con ellos y ya se cuales son las cosas que les interesan, lleno hojas y hojas con cifras falsas, gráficos sobre datos inventados y cosas así. Esta información será valiosísima para mi crédito una vez que llegue a Japón.

El Oceano Pacífico es algo inmensamente grande, mas allá de todo lo que uno se pueda imaginar. Todavía no me explico como esa gigantesca masa de agua no nos hace desaparecer de la faz de la tierra con solo una pequeñísima agitación. Una de las más grandes impresiones de mi vida fue ver un barquito pesquero perdido en medio de ese tremendo desierto de agua que es el Pacífico.

A las seis de la tarde llegamos (por fin) al aeropuerto de Narita, en Tokio. en el meeting point me espera un chofer de uniforme, gorra y todo eso con un cartelito que dice "Mr BRODONOVIC", me quedo mirandolo por un rato desde arriba para disfrutar del espectáculo.

Nos subimos a la limo (Datsun) y me pasa unas toallitas calientes perfumadas. Hasta ahi iba muy despierto y fresco, pero en el camino me empiezo a sertir aturdido. Mi primera desilusión, el paisaje en Tokio es identico al camino entre Santiago y Viña del Mar. Hasta las mismas plantas y los mismos arboles (exijo que me devuelvan la plata)

Me instalo en el Keio Plaza, uno de los mejores hoteles de Tokio en el distrito de Shinjuku. Lujo asiatico con los toques de ingenuidad característica de los orientales (una anticuada radio empotrada, un anafre para preparar te verde), por todo oriente me encuentro con los mismos pequeños detalles, sorprendentemente anacronicos. Quedo como tronco luego de ponerme de acuerdo con Satoh, de Casio, para el día siguiente a las 10 de la mañana.

Al otro día me siento extremadamente incómodo, empaquetado con corbata, chaqueta azul y pantalones grises. Primera vez en mi vida que me pongo corbata, pantalones de tela y que uso zapatos de cuero en lugar de tennis. Atravieso la calle y subo al piso 38 de Sumitomo Building donde estan las Head Office de Casio Corp. Me presento a la secretaria y me doy cuenta de algo muy agradable. A las orientales les gustan los ojos redondos (despues sacaria provecho de esta ventaja)

Las oficinas son un caos. En mi vida he visto un desorden mayor. No existen los privados y desde el gerente general hasta el junior trabajan en escritorios identicos en el mismo potrero.

Dias después hablando en confianza me cuentan como lo hacen para distinguirse; simplemente por el traje: Los gerentes generales usan traje oscuro con finas rayas, los gerentes de división chaqueta clara y pantalón oscuro o viceversa y los clerk trajes de un solo tono ¿y los mensajeros, los últimos en la escala? ¡chaqueta azul y pantalón gris, los mismos que me compraron mis jefes en Iquique.Años viajando a Oriente y no se habían percatado de ese detalle

En fin, yo era un invitado importante porque nuestra empresa era uno de los principales clientes de Casio en el mundo. Trabajaba directamente con ellos haciendo los pedidos, asi es que empezamos inmediatamente con los businness meetings, nos metimos en una pieza improvisada con biombos dentro de la oficina y yo comenzé a sacar los papeles qu1e había inventado en el avión.

Parecía una película cómica, con cada papel que sacaba ponían los ojos redondos y "¡ohhhsssh! ¡ahhh! ¡toooo!" "may I?" - "yes of course" y corrían a sacar fotocopias. De haber sabido hubiera escrito mas y me dejan un año por allá. Le daban enorme importancia a toda esa fake-information

Litros de té verde sin azucar y horas de reunión. cerca de las tres subimos a almorzar al comedor de ejecutivos que tenía la empresa en le último piso y tuve mi primer encuentro con el marisco crudo, el pescado crudo, las verduras sin aliño, el arroz cocido y los huevos crudos. Más encima tuve que fingir que me gustaba.

El resto del día más y más reuniones con los gerentes de todas las divisiones de la empresa. En Japón los gerentes son egresados de escuela técnica y los ingenieros trabajan principalmente en research & development, así que yo (ingeniero de ejecucion electrónico) pasaba como una especie de Einstein entre la gente que trabajaba en marketing, "ahhh, engineer, ohhhshh, tooo, tooo!"

En la noche, cena en el restaurant del Hyatt Regency con el cappo di tutti cappi, Mr. Namura que era el empleado más alto de la empresa al que yo tuve acceso (algo así como gerente general de la división calculadoras, la más poderosa de la Casio).

El japo es extremadamente estirado, arrogante y antipatico. Me saluda con una venia imperceptible, con la del picado, le hago lo mismo para estupor del Satoh, Itoh y Tanifuji que intercambian miradas nerviosas.

En todo el camino no habla nadie si no lo hace Namura, y este solo repite una y otra vez que el lugar donde vamos a comer es uno de los mas exclusivos y caros del mundo, como diciendome "espero roteque que sepas comportarte". Yo me trago la rabia mientras hago sonrientes reverencias.

El lugar es en verdad esplendido y ordenan teriyaki (creo que era eso), en fin, una carne tan blanda que se corta con los puros palitos. Poco menos que me recita el arbol genealogico de la vaca que nos estamos comiendo y como la frotaron con alcohol durante meses para quitarle la grasa antes de matarla. Yo ni ahi, aparece el sake y se me empieza a pasar el susto de a poco.

Mr. Namura me pregunta que tal encuentro la comida japonesa, mi primer impulso es ser honesto y decirle que es desabrida pero lo pienso mejor y le contesto algo que habia leido en el Readers Digest años atrás " me gusta porque además de agradar al paladar es lindo para los ojos, los platos parecen cuadros" Namura salta como resorte y me dice ¡pero si tu debes ser japonés! ¡es muy raro que un occidental capte tan bien nuestra cultura y se enfrasca en una conferencia sobre lo que (ahora descubro) era su punto debil: la estética.

En fin, ya somos amigos y entre ¡kampai! y ¡kampai! nos tomamos todo el sake y se piden la otra, después como ya estamos en confianza terminamos con cerveza, que Namura me confidencia que es su bebida favorita. Nos sacamos las chaquetas, aflojamos la corbata y mis amigos Satoh, Itoh y Tanifuji ahora son todo risas.

El día termina de una linda manera, todos amigos y bien borrachos. De vuelta en el hotel me doy cuenta que de noche los pasillos se convierten en un prostibulo de lujo: preciosas japonesitas vestidas de geishas andan por donde tu pases. Ni me atrevo a preguntar cuanto cuesta la gracia. Tokio es la ciudad más cara del mundo.

Así se nos va la semana, tenía programadas visitas turísticas y cosas por el estilo pero nada de eso se cumple. Reuniones todo el dia. Despues del ablandamiento inicial me toca hacer el pedido del mes. Parece que ahora queren desquitarse con todo lo que se han gastado en mi viaje. Entre broma y broma la presión es despiadada para que les compre todos los 'huesos' que no han podido vender en el año.
Medio estrangulado con la corbata con mis amigos H. Satoh y M.Itoh, deputy managers de la División Internacional de Calculadoras. Medios pollos, igual que yo. Y. Tanifuji sacó la foto
Las negociaciones son duras tratando de perjudicarnos mutuamente: ellos de vender lo mas malo, yo de conseguir los productos buenos que sueltan con cuentagotas: por cada 'caramelo' te obligan a comprar diez 'huesos'. Mucha broma entremedio pero una pelea sorda de fondo. No hay buena fe en esto. Me asignan a Tanifuji, que habla perfecto español para que me 'ayude' a comprar. Un gran tipo, que más que japones parece chileno, al poco rato se pone de mi parte (años después se vino a vivir a Chile)

Llega el día de partir y no conozco nada de Tokio, tomo un tour apurado de 4 horas que me pasea rapidamente por los sitios turisticos: la torre, los jardines imperiales, Ginza y Asakusa Cannon. Mucho más conocí saliendo de noche con mis amigos, después del trabajo, experiencias inolvidables aunque no aptas para la publicación.

A las 7 de la tarde me dejan en uno de los Clipper de Pan Am para Hong Kong, donde llego a eso de las 10 y media de la noche tras un aterrizaje espeluznante entre los edificios donde el avion frena justo antes de caerse al mar. Es la feria de la electrónica y Hong Kong está repleto. Nuestro embarcador alla no llega a esperarme comno habíamos convenido y me quedo dando vueltas muy asustado y sin saber que hacer.

Hay en el aeropuerto un tablero enorme con todos los hoteles para hacer reservaciones. Absolutamente todos muestran el letrero "FULL" iluminado y no soy el único que espera, unas 70 personas más están en la misma situación. Atónito lo único que se me ocurre es afirmarme en el mesón y mirar hipnotizado el tablero con los hoteles llenos.

En ese momento me doy cuenta de que los chinos tienen la desagradable costumbre de escupir en cualquier parte. Mi mano y mi manga estaban apoyados sobre el más gelatinoso de los escupos que pueda imaginarse. Creo que nunca me he vuelto a sentir tan deprimido y furioso como en ese momento.

Sentado sobre mis maletas, en la más negra depresión veo un loco gritando indignado ¡en italiano! se acerca a mi diciendo puteadas que apenas entiendo. Mi nuevo amigo se llama Antonio Sucaronni y es romano, después de un rato está decidido, hacemos una alianza para enfrentar la situación juntos y nos vamos por nuestra cuenta a buscar un alojamiento en Hong Kong. Es el comienzo de la mejor amistad de todo el viaje y de las dos semanas más divertidas que he pasado en mi vida.

La primera noche pasamos en un hotel de parejas de mala muerte: el hindú de la puerta pela una manzana con un tremendo cuchillo y recibe la plata con sonrisa maliciosa Sucaronni me dice que seguramente "questo figlio della femmina pensa che siamo gays" (este hijo de puta piensa que somos gays). Atrancamos la puerta con la cama porque el lugar se ve muy malo, apenas puedo mal dormir.
Alcancé a sacarle una foto a Antonio en un MacDonald, creo que extrañaba el pan mas que a su señora. Pasó tres días quejándose que quería comer pane. Finalmente encontramos las -Big Macs

Los siguientes dias pasamos por una serie de hoteles fastuosos que no se como se consigue mi amigo, a pesar de que no habla una palabra de ingles, es un personaje y en el lujosisimo hotel "Mandarin" los botones le pusieron Mastroianni . Pasamos las anécdotas y los fiascos mas increibles con las mujeres porque Antonio es como un burrito en primavera. Lástima que nada de eso es apto para contarlo aquí

Después de varios dias increibles al fin aparece nuestro embarcador. Es un chino simpatiquísimo, se llama Brittany S Choi y lo primero que hace es regalarme un turro de tarjetas de visita de su empresa (Contenental Trading Co.) con mi nombre en relieve dorado que dice abajo "General Manager". Choi está felíz porque mi amigo es potencial cliente (Antonio tiene una cadena de tiendas Hi Fi en Italia) y nos da el tratamiento de príncipes. No dejamos disco, casino o burdel por visitar.

Partimos con Antonio para Macao, una minúscula colonia portuguesa en China continental, nuevas aventuras picarescas y más fiascos. Me despido de mi gran amigo con mucha pena, prometiendo escribirnos, visitarnos en Italia, en Arica. En fin... como somos latinos. Nunca más supimos nada el uno del otro. Pero hasta ahora, cada vez que conozco a alguien de Italia me cae automáticamente simpatico. Pasaron muchos años y por casualidad me encontré que Mr. Tonyo (M.R.) estaba establecido en Letonia, le escribí un mail y me dijo que le iba muy bien allá y que las mujeres eran puero filete de primer corte. Genio y figura hasta la sepultura.
Fotos de Homg Kong aquí

Parto hacia Frankfort am Main, donde vive mi primo desde hace unos 10 años. En el avión me hago amigo de un tipo rarísimo, es de Estambul y dice ser ingeniero, me pasa una tarjeta de algo que tiene que ver con bombas de agua, conoce la historia de Chile mejor que yo y nos vamos hablando de politica todo el viaje, mas mala espina me da cuando al acercarnos a Bangkok me pide si puede decir que viaja conmigo en inmigración. Que hacer, le digo que bueno, a pesar de la cara de presidiario que tiene parece un buen tipo, como yo iba solo en tránsito no puedo cumplir lo prometido, espero que no lo hayan tomado preso. En Bangkock , donde estoy de tránsito, toda la gente es muy amigable y las mujeres tienen un bellísismo tipo asia-indo-europeo

De Bangkock a Dehli me voy con un hindú que tiene una fábrica de rodamientos, hacemos buenas migas y me invita a quedarme un par de dias en su ciudad cerca de Dehli. Cuando llegamos se me pasan todas las ganas de visitar India. Es un lugar horrible, al menos el aeropuerto así es que políticamente le digo que no me alcanzaría el tiempo. Para mala suerte en Dehli no podemos despegar, entiendo por las explicaciones que le echaron a perder una puerta al avión y no la pueden cerrar. Debo pasar una noche en la ciudad mas fea que he visto en mi vida.

Ya soy un viajero experimentado y me he recorrido completo el 747 SP, los Clipper de la Pan American hacen la ruta todos los días y me ha tocado repetirme algunas tripulaciones así es que consigo audífonos gratis y hasta me dejan pasar un ratito en el segundo piso, donde está el salón de la first class. Allí me encuentro con cuatro argentinos mas o menos de mi edad, hijitos de su papá seguramente que no se despegan de las botellas de Dom Perignon. Van borrachos como cuba haciendo un tremendo escándalo, les cerraron el bar para ellos solos para que no molesten al resto de los pasajeros. Al poco rato me retiro prudentemente a la sección turismo. Mucho tiempo después viendo el 'Caiga quien caiga' en TV los encuentro igualitos. Para que andamos con cosas, los envidio ché.

Escala técnica en Dubai, para mi gran decepción lo encuentro idéntico al aeropuerto de Iquique. Una vez más compruebo que el paisaje en cualquier parte del mundo es mas o menos igual a algun lugar de Chile.

Llego a Frankfurt Am Main, creo que es el mayor aeropuerto del mundo y me encuentro con mi priimo a quien no veía desde hace años. Camilo es alguien muy querido para mí porque nos criamos practicamente juntos y fue el ídolo de mi niñez. Al poco tiempo noto como se le han infiltrado cada una de las costumbres y atavismos alemanes a pesar que él se siente perfectamente latinoamericano.

Lo primero es lo primero, y la primerísima noche nos vamos de excursión al barrio del sexo, cerca de la Hauptbahnhoff (o algo asi, que se llama la estación del tren), varias hectáreas de prostíbulos, sex shops, peep shows y espectaculos muy instructivos sobre como se exita la gente de temperamento frio. Encontramos, como no, a una chica de Valparaiso muy simpatica ella, trabajando duro por esas tierras.

El otro día es el cumpleaños de mi prima Margret y nos vamos a una cervecería a tomar y comer salchichas, nos tomamos hasta la presión y volvemos al departamento felizmente borrachos (guiados por los niños). Mi primo inventa un cuento y nos vamos secretamente a Paris por tierra. Que puedo decir de Francia: lindos paisajes, bonitos edificios y jardines. Punto.

Finalmente sigo viaje hacia Londres, donde llego al aeropuerto de Heatrow a eso de las cinco de la tarde.Londres es el lugar menos sorprendente para el viajero, porque es el único exactamente igual a lo que muestra el cine o la TV, una ciudad cuidada hasta la exageración, con sus falsas casas de los años 30 (son todas reconstruidas después de la guerra) y con sus taxis y buses también falsificados (son del año, pero parecen de los años 40).

Un transfer me deja en la Victoria Station y a pie con mis maletas, me voy caminando por el barrio de Belgravia repleto de residenciales (Boarding House). La primera impresión desagradable es que en varios lugares que tienen el cartel "ROOMS" encendido, al verme dicen ¡sorry! y encienden el que dice "NO ROOMS" . Me doy cuenta que soy tan identificable como latinoamericano, con mis jeans Wrangler y mis zapatillas Bata, como un boliviano con parka en Arica.

Finalmente encuentro la Ebury House, una residencial de un matrimonio joven que me reciben muy bien. Mr. Ebury me dice primero que nada que como quedé con la derrota de las Malvinas, trato de explicarle que Chile es distinto de Argentina, pero me dice que no tengo por que apenarme, total dimos algo de pelea 'but the brrrritish, brrrritish army is strong inedeed veeeery strong!". Cada vez que me ve me dice que tenga cuidado con los gurkas, le encantan las bromas pesadas y yo me doy cuenta que mi sentido del humor no es tan grande como pensaba.

Tengo unos dias pésimos, a las cuatro de la tarde la niebla no deja ver nada y yo me aburro en la minuscula pieza forrada en linoleo. Cada vez que bajo al living esta lleno de tipos muy curiosos y ensimismados, la mayoria con cara de pajaro, le digo esto al Ebury que lo toma con bastante humos, como todo, pasamos el rato dedicados a clasificar a los parroquianos entre jilgueros, aguilas, cuervos, avestruces...

En las mañanas salgo a caminar, absolutamente perdido no saco nada en limpio y termino casi siempre sentado en las gradas de la catedral que está en Trafalgar Square, entremedio de los tipos que toman droga con su jugo de naranjas y otros pajaros tanto o mas raros que yo mismo.
Fotos de Frankfurt, París y Londres aqui

Al fin muy aburrido tomo el avión hacia New York, justo cuando me empiezo a arrepentir de no haber ido a ni un solo museo ni al Palacio de Buckingham ni nada. El vuelo Londres- New York va casi vació y me toca en suerte rna tripulacion conocida,. me acomodan en un lugar muy bueno con toda la corrida de asientos para mi solito. Me voy durmiendo las 9 horas (creo) del viaje. Ni las siento. Entre sueños veo trozos de "Flashdance" y "Tootsie", las mismas películas que ya he visto como ocho veces en los distintos clipper de la Pan American.

Llego a New York a eso de las 10 de la mañana, al aeropuerto Fiorello La Guardia al ladito del agua. Me voy derecho a preguntarle al capitan de los taxis cual es el transporte más barato a la cuidad, lo hago muy confiado en mi ya perfecto inglés y el negro me contesta en no menos perfecto español, agregandome que mejor no hable inglés porque nadie me va a entender. Tiene razón, el bus me deja en la Grand Central y tomo un taxi al Hotel Stanford (un tugurio donde caen todos los chilenos sin plata), no me cuesta mucho darme cuenta que el taxista me está engañando: demora una media hora en recorrer las cutro o cinco cuadras a que estaba el hotel.

En venganza cuando me pide la propina le contesto en el peor espanglish 'sorry man ay am poor lainoamericano, no money at all'. Ya soy viajero experimentado y a partir de ese momento nunca mas me sacan un solo dolar de propina en USA.

El hotel es horrible, en el primer piso hay una peluquería atendida por chinos y justo al lado un local de la welfare para atender a los drogadictos. Al primer día que salgo a pasear por la Avenida de Las Americas (queda apenas a dos cuadras) me persigue un viejo hijo de puta invitandome a subir a su viejo Cadillac, le echo todas las puteadas que conozco en castellano y en ingles, justo al frente de un gordo policia que ni se inmuta.

No veo nada interesante, el centro de Manhattan se parece mucho (la manía de comparar) al barrio de la Estación Central, sucio y feo. La misma esquina de Broadway con la Quinta, que se ve tan bonita en la tele, es fea y sucia, llena de boliches minúsculos uno al lado del otro. Me vuelvo a encerrar al hotel hasta el día siguiente (en la televisión estan dando la teleserie Nino!)

Al día siguiente tengo que visitar a uno de nuestros proveedores, el señor William Willcheck, un judío multimillonario del que se hablaba con mucho respeto en la Zofri, me empaqueto en mi traje y camino las tres cuadras que me separan del Empire State Bldg. donde Mr. Willcheck tiene sus oficinas (piso 75). La verdad es que voy bastante nervioso y algo asustado de no comportarme adecuadamente.

Me recibe una simpatiquisima secretaria en perfecto español, buen comienzo, Mr. Willcheck también me hace pasar de inmediato. Es el primer millonario que conozco en mi vida y una de las dos personas más simpáticas que me toca conocer en el viaje. La cortesía judía del Sr. Willcheck es exquisita, me pregunta muchas cosas acerca de mi y parece verdaderamente interesado en mis cosas. Le procupa el hotel donde estoy y me recomienda que me cambie al Hilton George Washington o algo así (no está el presupuesto para esas cosas).

Pasamos conversando casi toda la mañana, y el me cuenta su propia historia, de como llegó de Hungría en una delegación de waterpolo a USA y como pidio asilo sin un cinco. Me muestra las fotos arte de su señora y me invita para conocer a la tarde el Central Park (nada de otro mundo). Un gran tipo. También me trata de vender una mula (como 300 computadores-cacho descontinuados) y no parece enojarse porque no resulta el negocio. Mas apenado estoy yo de no poder comprarle.

Aparte de conocer a Mr. Willcheck nada de lo que vi en NY valió mucho la pena, esta vez me embarco en el otro aropuerto (ya ni me acuerdo como se llama) de vuelta hacia Miami. A pesar que el vuelo sale como a las 9 de la noche me voy en la mañanita al aeropuerto, Pasaré allá todo el día porque no quiero más de la gran manzana

De nuevo en Miami. Ahora si que no me dejo manejar por los 'desinteresados' taxistas, me alojo en un excelente motel cercano al aeropuerto, el Days Inn, gracias al dato de Mr. W. Me quedaré algunos días a hacer turismo, gastarme los últimos nikels que me quedan y ver con mis propios ojos si Disneyworld es tan maravilloso como lo pintan.

Como ahora tengo más tiempo, me dedico a explorar Miami administrando con cuentagotas los billetes que sobrevivieron. Primero a conocer en el Seaquarium al ídolo de mi niñez : Flipper (sospecho que es mula, porque la serie era de hace más de 30 años), claro que ya no boto la plata en propinas y regateo tarifas con el taxista antes de subirme. Miami es una ciudad absolutamente latina, muy distinta del resto de USA, con todas las ventajas y desventajas que esto lleva.

Saliendo de la ciudad por el sector de 'El Rastro' se encuentran barrios, pequeños almacenes y fuentes de soda como en cualquier pueblito de Chile, hasta los 'Seven Eleven' estan latinizados y venden estampitas con santos y sandwich de lechon

Hago varios amigos entre cubanos y colombianos, también hay bastante gente de Haiti, casi tan impenetrables como nuestros aimaras y mucho más negros. Finalmente, con los últimos billetes que me quedan, arreglo una peregrinación al Santo Grial del turista latinoamericano; Orlando y DisneyWorld. Tomo un tour de tres dias en esos buses Geryhound, con dos noches de habitación compartida en hotel me ilusiono pensando en una sensual compañera de cuarto. Mala suerte, me toca un gringo de mi misma edad largirucho y flemático como palo seco. Con los días llegamos a hacernos muy amigos y me pude asomar un poco en la extraña manera de ser de los anglosajones.

En el bus van cuatro azafatas de Ecuatoriana de Aviación, preciosas. Como el bus es económico y somos los únicos latinos nos vamos conversando, riendo y bromeando todo el viaje. Mucha broma de doble sentido sobre las noches que pasaremos en el mismo hotel me llenan el alma de ilusión ¿se cumpliran is sueños esta vez? ¿uno para cuatro? ¿o para dos en el peor de los casos?. Mi nuevo amigo va callado y pálido, al principio pienso que está cohibido por no entender el idioma pero en la primera parada estalla, me lleva aparte y me recrimina ¿como puedes soportar a esas horrid spanish woman? ¡si parecen parrots!, ¡cambiémonos de asiento ya no las aguanto! me dice indignado. Políticamente rechazo su sugerencia y el se va para los asientos de adelante, yo sigo echando el pelo y enfermando al resto del bus con nuestras risotadas, aumentada con cada sorbo de Jack Daniels de unas petacas que sacan las chicas "del avión". Con el tiempo la presión social se impone y terminamos el viaje tan adustos y apagados como el resto del bus, aunque algo mas borrachos. Y mis ilusiones erotico-sentimentales se quedan solo en eso: puras ilusiones.

Al día siguiente Disneyworld ¿que podría decir? todo ingenuo y algo anticuado, extremadamente limpio, chico, las dos atracciones que me habían recomendado tanto (Piratas del Caribe y la Space Montain) no eran nada del otro mundo.


En el teatro del Ratón Mickey en el Magic Kingdom. Nada muy especial, a decir verdad

Paseos varios por Orlando que es un semillero de "atracciones" por donde los turistas van desfilando como corderos, deben haber cientos. Las que más me gustaron fueron los minúsculos museos artesanales armados por algún loco, no por el atractivo de lo que mostraban sino por lo raro de los lugares mismos y la gente. Demás podría hacer en Arica el "Amazing live museum on Chinchorro mummies" con momias mecánicas y cosas así, de hecho aca ya hay un trastornado que tiene la idea, junto con el teleférico al Morro y una pelea de retroexcavadoras en la Isla del Alacrán (disfrazadas de dinosaurios, por cierto).

En fin, Orlando es de una exquisita decadencia, en el Discovery Channel daban un programa que se llamaba "Odd Stuff" o algo así donde mostraban en todo USA estos patéticos museos. Alla lo llaman "memorablia"

Otra noche en el hotel con el largirucho que me tocó de compañero. Ya somos muy amigos y el tipo me dice inocentemente que "no parezco spanish", me tengo que morder la lengua para no contestarle. Mi amigo es una caja de rarezas, no toma alcohol y me mira con reproche mientras saboreo mis Budweisser, está obsesionado con la higiene y los microbios y yo disfruto haciendole notar todas las posibilidades de contagio de la vida diaria. Lo tengo aterrorizado, porque ingenuamente cree que yo le hablo en serio. Es un tipo absolutamente incapaz de entender el doble sentido, que a estas alturas ya creo que es algo exclusivo de los latinos. La alimentación es otra de sus angustias y lleva para todos lados una cartilla con el valor calórico de los principales alimentos. Dice que va a vivir más de 100 años. Lo dudo, seguro que las preocupaciones lo matan mucho antes.

Se ha apegado tanto a mi que al final las ecuatorianas volaron con unos tipos que encontraron en Orlando, bueno, no siempre obtenemos lo que deseamos ¿no?, volviendo a mi roommate (es curioso pero olvidé como se llamaba) acaba de obtener su Bachelor on Arts en historia o algo así y se vino a celebrar ¡a Disney!. Nuestras inocentes entretenciones son para el la gran farra de su vida. Le horroriza y le fascina al mismo tiempo cuando le cuento como celebramos nosotros nuestra graduación. Es un gran tipo muy ingenuo e idealista y estoy seguro que si hubiesemos convivido mas tiempo terminariamos siendo grandes amigos.


En la esquina inferior izquierda, mi amigo gringo tomando una foto a la esfera del Epcot Center, entre sus curiosidades, tampoco le gustaba tomarse fotos.

En el Epcot Center un poco más de lo mismo, pero aún mejor presentado y más limpio si cabe. Paseando por las atracciones (mi amigo llevaba una completísima guia y debíamos seguirla al pie de la letra) vemos a un tipo con un spary ¡repintando! las flores naturales. Recién ahi mi amigo se da cuenta de lo falso de todo el asunto y yo, por simple maldad, le empiezo a hablar de las toneladas de basura y caca que se deben botar por los pantanos de las cercanías diariamente. El pobre se pone enfermo, nunca volverá a disfrutar de Disney y creo que le eché a perder el viaje.
Fotos de Miami aquí

De vuelta en Miami lo único que quiero es volver a Mi casita, Mi camita y Mi baño. Acabo de descubrir que esas son las tres posesiones más importantes que tengo en éste mundo, estoy HARTO de las camas de hotel y las tazas de WC con el ostentoso sello de "Sanitized", parece que lo sanitizan cada vez que hago caca ¿que se habran creido?. Me consigo que me lleven gratis al aeropuerto (recién me doy cuenta que todo buen hotel tiene transfer gratis, lo que me habría ahorrado mucha plata de saberlo antes) y me subo finalmente a un hermoso y minúsculo 737 de Lan Chile.

En todo viaje hay un momento culminante, ese que aunque tengamos cien años jamás se nos borrará de la memoria.

Para mí este momento fué cuando se me acerca la primera aeromoza linda que veo en mucho tiempo y me pregunta en perfecto chileno "¿va a querer el Mercurio señor?". Me paro y le digo "señorita, le daría un abrazo, no sabe cuanto tiempo que no escuchaba hablar en chileno, me acaba de hacer feliz el dia" la niña se rie y soy desde ese momento pasajero privilegiado del avion durante las 9 horas que dura el vuelo de regreso a Chile

Otra cosa que me emociona, y que me ha seguido emocionado cada vez que he vuelto de un viaje, es cuando comenzamos a sobrevolar el desierto. Ya estoy entre amigos; Mi casa, Mi cama, Mi baño, Mi desierto, nunca me había fijado cuanto los quería. Al fin. De vuelta en el Aeropuerto Chacalluta de Arica a la salida me asalta una horda de taxistas-piraña ¿colectivo al centro joven? ¿taxi joven? ¿necesita hotel señor?. Hay cosas que son iguales en todos lados. Al llegar a mi casa apenas saludo y me voy de inmediato a hacerle los honores a Mi baño.

FIN.